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YA NADA VOLVERÁ A SER COMO FUE

Recomponer el vínculo del gobernante con el ciudadano y humanizar lo que hace el Estado, son signos de un nuevo tiempo que se abre paso sobre los resabios de un modelo agotado y dañino.

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  Radio Rivadavia

por Daniel Miranda

Casi todo el tiempo se parece al Poggi de toda la vida. Por momentos, es evidente que algo ha cambiado en él. Es cordial, afable, alegre y sencillo, como lo fue siempre en el trato personal, despojado de la ostentación y de los coros de cortesanos.

Forma parte de una clase de políticos que hablan y escuchan con idéntico interés. Cuando se dirige a sus funcionarios las instrucciones son claras, precisas. Elogia cuando corresponde y corrige cada vez que es necesario, sin perderlos de vista. Está más seguro que nunca.

Se terminó la época del totalitarismo, de concepciones paranoicas y de visiones de eternización en el poder.

Hoy hay que ir al centro de los problemas y resolverlos. Es un tiempo de gestores, les dice a sus ministros para que bajen la consigna a todos los niveles. No deben tener a las vueltas a la gente, que merece una respuesta concreta, sí o no. Tienen que trabajar.

San Luis arrastra una crisis profunda que se manifiesta en lo económico, social y ético. El hartazgo social sobrepasó el límite al cabo de un ciclo empobrecedor dirigido por funcionarios insensibles y denunciados por deshonestos que no dejaron un centavo en el Estado.

El kirchnerato dio lugar al Gobierno libertario del “no hay plata”.

La coparticipación resentida por la demagogia de Massita para sentarse en el Sillón de Rivadavia. Sin remesas no automáticas porque Javier Milei clausuró la compuerta. Un déficit fiscal obsceno a pesar de los fondos discrecionales que le llovieron desde la Nación a Alberto Rodríguez Saá y de las reservas rifadas. Hambre. Una sociedad devastada por un Gobierno disociado del ciudadano.

Las noticias que salen de la Casa Rosada dan cuenta que los próximos meses serán crueles por el ajuste.

Por ahora ni pensar en obras. Antes hay que atender las urgencias y sanear las cuentas.

En ese paisaje de turbulencias le toca gobernar.

Mientras desanda la crisis y desactiva el plan desestabilizador de Alberto Rodríguez Saá, recompone el vínculo del gobernante con el ciudadano y humaniza lo que hace el Estado.

Gobernar es, también, estar al alcance de la mano del habitante de cualquier lugar que siempre tiene algo para decir y sobre todo para quejarse. Para eso hay que salir de la soledad de las alturas del poder.

En el gabinete del Gobierno anterior no hubo más de un ministro que haya pisado alguna vez todos los pueblos y parajes que forman parte de los 76.748 kilómetros cuadrados de superficie provincial. El ex gobernador no dio ni media vuelta por San Luis y paradójicamente ostenta el récord de millas por el mundo.

Con el tesón y la vocación de construcción de siempre, Poggi se largó a recorrer la provincia sin mirar el peso demográfico de cada localidad y la filiación política del intendente en una señal de que su gestión aspira a reparar las desigualdades y el olvido del interior profundo, que no está distante del mojón del kilómetro cero clavado en la Plaza Pringles. Muy cerca hay caseríos rurales con necesidades básicas insatisfechas más propias del Conurbano. Viven en “casas” de nylon y carecen de agua potable.

Rodríguez Saá también será recordado, por lo que hizo y por lo que dejó de hacer, como el gobernador de las villas miserias.

Llegar a todos lados es vital porque permite reordenar o confirmar las prioridades.

En Villa Mercedes armoniza desde el primer día con Maximiliano Frontera. Tiende puentes e irá a verlos a todos porque la gestión conjunta aumenta las probabilidades de parir progreso, y si se evita la superposición de funciones se ahorran recursos que escasean. En estos primeros 55 días en los que se mantiene en línea abierta con Gastón Hissa y salieron juntos a la calle, ya estuvo con Jorge “Toti” Videla, (Juana Koslay); Juan Álvarez Pinto (Merlo); Osvaldo Olivera (Navia) Pablo López (Luján) y Antonella Macías (Quines), la mayoría opositores que dan señales de racionalidad. En Terrazas recibió a José Casas de Candelaria.

Está obsesionado con arreglar el desorden de la administración y destrabar los sueldos de los estatales, una medida que debió repetir por la irracionalidad de Alberto Rodríguez Saá.  Sabe todo lo que hacen los ministros y está encima de ellos. Todo lo que se hace se debe comunicar por la agencia oficial a la que asigna la función de órgano de publicidad de los actos de Gobierno, y le permite a él hacer el control de gestión en tiempo real porque la actualiza al instante. Entiende que lo que no se publicó, no se hizo. Así de simple.

Se involucra en la administración de los recursos al grado extremo y no milita el asistencialismo. Esta semana se presentó la Red de Acompañamiento Familiar, un programa que despolitiza los merenderos y da contención en los sectores fulminados por la pobreza.

Está dedicado 24/7 al cargo para el que se preparó para toda la vida. Volvió a la madrugada de Quines y al rato apareció radiante en Unión para ponerse al frente de una jornada del Consejo Productivo, que tiene como sentido apuntalar al sector privado para que sea la fuente multiplicadora de puestos de trabajo.

La familia, el trabajo y la educación son los ordenadores sobre los que empieza a girar el Gobierno, mientras termina de sacar el freno de mano a lo que será un ritmo arrollador.

El ex gobernador espolea adrede la crisis de la que ahora suelto de cuerpo se quiere desentender.

Su Gobierno corrompió hasta la red de contención de los desocupados al liberar el pago, no se sabe durante cuanto tiempo, a 8.055 personas que no pasaron el filtro del formulario del censo del Plan. Increíblemente ninguna de estas personas se asomó por la Casa de Gobierno para quejarse por los $150 mil que ingresaban a sus cajas de ahorro religiosamente. Puede que en esa nómina haya habido más de un Chocolate Rigau puntano, además de parientes de políticos ahora opositores.

Más sugestivo es todavía que en el diario del ex gobernador no se haya escrito una línea en defensa de este ejército de supuestos desempleados. Hicieron politiquería al nivel de una bajeza que avergüenza, pero desfilan por las marchas arropándose con los gerentes sindicales que piden la normalización salarial. Lo curioso es que estos dirigentes repentinamente guapos no indagan sobre ese colosal bolsón de corrupción.

Hay más.

El mismo ex gobernador censuró hasta el último días en los medios de su propiedad y del Estado a los gremios subordinados y no amigos que ni siquiera pagando solicitadas tenían chance de publicar comunicados sobre los desfasajes salariales.  Igualmente casi todos se sentaban en la primera fila para aplaudirlo en el Salón Blanco de Terrazas. Gente que organizaba colectas para llevar a sus hijos a atenderse a hospitales fuera de la provincia fue ignorada por el aparato propagandístico público-privado dedicado solamente a alabarlo. Entidades de profesionales que clamaban por los retrasos en los pagos a sus asociados no tuvieron espacio. Nunca hubo una crónica sobre los sueldos y los planes por debajo de la línea de pobreza y de la línea de indigencia. Ahora les ofrece las páginas para inundarlas de títulos catastróficos en color rojo sangre, pero no hace mención al desmadre producido por “la plata que se llevó la corrupción” de su Gobierno.

Una generosidad y amabilidad cínica. Los usa porque no puede confrontar públicamente con un gobernador merecedor de la adhesión social y la dirigencia justicialista con responsabilidad institucionalidad va tomando distancia porque advierte que se mueve por el rencor personal y la sed de venganza. La diáspora es irreversible y perderá las mayorías legislativas. Por estas horas hay novedades.

Aplicó la regla obsoleta de negar: “Lo que no sale en El Diario no existe, no sucedió”.

De pronto para Rodríguez Saá todo existe.

La era en la que se imprimían las noticias cada 24 horas y había un noticiero una vez al día, terminó mucho antes del final de su reinado.

La oferta periodística que no alcanzó a estrangular fue contando lo que sucedía en San Luis y la sociedad tiene en claro cuál es el origen de los males de los que debe ocuparse este Gobierno.

Todos los días se van derrumbando los muros del feudo. En la televisión pública se habla de la inseguridad y de los problemas que tiene la intendencia para prestar los servicios. Se leen los mensajes críticos de las gestiones provincial y municipal.

Poggi no quiere un cepo informativo.

Hasta el 10 de diciembre el canal oficial y los medios satélites disciplinados con el rebenque de la pauta nos vendían “Sanluislandia”.

San Luis le está diciendo adiós a una generación política.

Hace 55 días la política de San Luis experimentó un sustancial cambio generacional en su dirigencia. Despidió a Alberto Rodríguez Saá, el último dirigente que ocupó la gobernación con una formación predemocrática.

Las principales autoridades de este turno son hijos de la democracia.

 

 

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