QUIÉNES EMPUJARON EL CRECIMIENTO AGRÍCOLA EN SAN LUIS Y POR QUÉ
Los departamentos Pedernera, Pringles y Dupuy lideraron la expansión de la superficie sembrada. El maíz se consolidó como eje productivo y la campaña 2025/26 reflejó el nuevo mapa agrícola provincial. En poco más de 30 años, San Luis pasó de sembrar menos
Durante las últimas tres décadas, la agricultura extensiva en la provincia de San Luis atravesó una transformación profunda y sostenida que modificó de manera estructural el perfil productivo del territorio. Lejos de tratarse de un crecimiento coyuntural o de un fenómeno puntual, los datos históricos muestran un proceso de expansión de largo plazo, con cambios de escala, reconfiguración de cultivos y una fuerte concentración territorial del crecimiento.
El análisis de las superficies sembradas entre las campañas 1990/91 y 2024/25 permite reconstruir con claridad esta evolución y dimensionar el salto productivo que experimentó la provincia, especialmente a partir de los años 2000 y, con mayor intensidad, desde la década de 2010.
Según datos del Ministerio de Economía de la Nación, a comienzos de los noventa, la agricultura extensiva ocupaba un lugar claramente secundario dentro de la estructura productiva de San Luis. En la campaña 1990/91, la superficie sembrada con cultivos extensivos alcanzaba apenas 175.200 hectáreas. Dos años después, en 1992/93, el total descendía a 161.300 hectáreas y, hacia fines de la década, se registraba el valor más bajo de toda la serie histórica, con apenas 135.000 hectáreas sembradas.
Ese escenario comenzó a modificarse de manera gradual en los primeros años del nuevo milenio, pero el verdadero punto de inflexión se consolidó a partir de la década de 2010. En las campañas más recientes, la superficie sembrada superó holgadamente el millón de hectáreas: 1.194.180 hectáreas en 2019/20, 1.114.765 en 2021/22, 1.201.600 en 2023/24 y 1.233.060 hectáreas en la campaña 2024/25, el valor más alto de toda la serie analizada.
En términos estadísticos, el cambio resulta contundente. La agricultura extensiva sanluiseña multiplicó su superficie entre cinco y siete veces. No se trata de un crecimiento lineal, sino de un proceso sostenido, con oscilaciones interanuales asociadas al clima y a las decisiones productivas, pero con una tendencia general claramente expansiva.
El análisis por décadas refuerza esta lectura. Durante los años noventa, la provincia sembraba en promedio unas 178.000 hectáreas por campaña, con un rango relativamente acotado que reflejaba una agricultura de escala reducida.
En los años 2000 se produjo el primer salto relevante. El promedio por campaña ascendió a 348.218 hectáreaS. Sin embargo, fue recién en los años 2010 cuando el cambio de escala se volvió irreversible. En esa década, la superficie sembrada promedio alcanzó 1.050.102 hectáreas. En la actual década de 2020, lejos de retroceder, la agricultura extensiva se mantiene en niveles elevados, con un promedio superior a 1,13 millones de hectáreas, consolidando el nuevo piso productivo alcanzado.
El gran protagonista del cambio
Dentro de este proceso, el maíz emerge como el principal motor de la expansión agrícola provincial. Durante los años noventa, el cultivo ocupaba entre 50.000 y 80.000 hectáreas por campaña. El quiebre definitivo se produjo desde la década de 2010.
En pocos años, la superficie sembrada con maíz pasó de valores cercanos a 150.000 hectáreas a superar ampliamente las 300.000 y luego estabilizarse, en los últimos ciclos, entre 380.000 y 500.000 hectáreas. Este crecimiento sostenido convirtió al maíz en el cultivo central de la agricultura sanluiseña y en el eje del cambio estructural del sistema productivo.
La soja siguió una trayectoria diferente. Prácticamente marginal durante los años noventa, el cultivo inició una expansión acelerada a comienzos de los 2000. Entre 2002/03 y 2010/11, la superficie sembrada creció de manera sostenida hasta alcanzar valores cercanos a 170.000 hectáreas.
Desde 2015/16 en adelante, la superficie sojera mostró una retracción progresiva y en los últimos años se estabilizó en torno a 200.000–230.000 hectáreas, cediendo protagonismo frente a otros cultivos extensivos, en particular el maíz.
El girasol presenta un comportamiento claramente cíclico. Durante los años noventa se mantuvo estable entre 30.000 y 45.000 hectáreas. A comienzos de los 2000 registró un fuerte crecimiento, con picos cercanos a las 90.000 hectáreas, seguido por una abrupta retracción entre 2008 y 2015.
En la década de 2020, el cultivo volvió a cobrar relevancia. En pocas campañas superó nuevamente las 50.000 hectáreas y alcanzó valores cercanos o superiores a las 100.000 hectáreas, los más altos de toda la serie histórica. Este comportamiento confirma su rol estratégico como cultivo alternativo, muy sensible al contexto productivo y económico.
El trigo mostró históricamente una presencia reducida y errática. Con superficies muy bajas en los años noventa y 2000, tuvo un pico puntual en 2015/16, cuando alcanzó cerca de 30.000 hectáreas, para luego volver a descender. Su rol aparece más ligado a decisiones de rotación y manejo del suelo que a una expansión sostenida.
El algodón, en tanto, se mantiene como un cultivo de nicho. Aunque mostró cierta recuperación en la última década y llegó a picos de 6.500 hectáreas, su incidencia en el total provincial sigue siendo marginal frente al peso de los grandes cultivos extensivos.
Los departamentos clave
La expansión agrícola no fue homogénea en el territorio. Pedernera lidera ampliamente el proceso y se consolida como el principal motor agrícola de la provincia. Le siguen Pringles y Dupuy, mientras que Chacabuco mantiene un perfil agrícola fuerte y diversificado.
El análisis por cultivo y departamento confirma esta tendencia. Maíz y soja explican la mayor parte de la superficie sembrada, aunque con perfiles productivos diferenciados según la zona, y con una presencia relevante de cultivos alternativos como girasol y centeno en determinados departamentos.
El estudio de la variabilidad interanual revela que no todos los cultivos se comportan de la misma manera. Mientras que maíz y soja explican el cambio de escala, con el maíz como el cultivo más sostenido en el tiempo, otros cultivos presentan comportamientos altamente variables.
La foto actual
Este proceso de transformación estructural encuentra su correlato en la campaña más reciente. Según datos de la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación y de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), la siembra estival 2025/26 en San Luis concluyó con una superficie total de 870.570 hectáreas, confirmando que la provincia sostiene niveles elevados de actividad agrícola.
El maíz volvió a posicionarse como el cultivo dominante, con 469.200 hectáreas sembradas, concentrando más de la mitad de la superficie estival. La soja, con 263.270 hectáreas, se ubicó en segundo lugar, manteniendo un peso relevante, aunque lejos de los máximos históricos alcanzados en la década pasada.
El girasol cubrió 119.150 hectáreas, consolidando su recuperación y reafirmando su rol estratégico dentro del esquema productivo. El sorgo sumó 60.500 hectáreas, mientras que el maní llegó a 15.000 hectáreas y el algodón a 3.950 hectáreas, confirmando su carácter de cultivos específicos y de menor escala.
En poco más de 30 años, San Luis pasó de sembrar menos de 200.000 hectáreas por campaña a superar holgadamente el millón de hectáreas. La agricultura extensiva dejó de ser una actividad marginal para convertirse en uno de los pilares estratégicos del desarrollo productivo provincial. El recorrido no fue lineal, pero el resultado es claro, con un sistema agrícola más grande, más complejo y con el maíz como principal protagonista de una transformación que ya no admite marcha atrás.
QUIÉNES EMPUJARON EL CRECIMIENTO AGRÍCOLA EN SAN LUIS Y POR QUÉ

